Durante muchos años hemos estado hablando de la economía digital, de los e-business, del comercio electrónico, de la Web 2.0, del social media y demás términos que parecían anunciar el comienzo de una nueva era donde sólo los expertos con altos conocimientos de informática e Internet sabrían devolverse.

Parecía de alguna manera que estuviéramos protegiéndonos de la entrada de intrusos en un entorno cerrado: “veamos si a base de que no nos entiendan, conseguimos guardar el secreto”.

Pero ya en el año 2001, incluso antes de la explosión de la famosa burbuja tecnológica, había visionarios y gurús como Michael Porter que en su famoso artículo de la revista Harvard Business Review, advertía que la división entre economía digital y tradicional no tenia mucho sentido.

Mr. Porter defendía que aquellos negocios de la llamada nueva economía que no tuviesen una estrategia sólida y fundamentada no tendrían éxito en el largo plazo ya que la barrera de entrada que suponía el conocimiento de la tecnología, tarde o temprano se evaporaría, dejando que, más pronto que tarde, su competencia también se sumara a vender por Internet, desapareciendo de esta manera rápidamente la ventaja competitiva inicial.

Si bien esto no ha sido así para nuevos negocios propios de la economía digital, como buscadores o redes sociales, si que cada vez se hace más firme en los modelos de comercio electrónico, tanto a clientes finales (B2C) como a empresas (B2B)

Para las empresas tradicionales, Internet supone un nuevo canal ya integrado dentro de sus modelos de negocio, donde poder llegar directamente a sus clientes y donde efectivamente pueden ofrecer productos y servicios exclusivos, ya que los costes menores así se lo permiten. Los bancos son un buen ejemplo de ello.

También les permite crear nuevas marcas o negocios para operar en otros sectores donde con sus estructuras anteriores no podrían estar presentes o necesitarían de una gran inversión.

Y para aquellas nuevas empresas de comercio electrónico como por ejemplo Vente Priveé, Privalia, Let’s Bonus, etcétera, gracias al canal existen y pueden ofrecer ofertas interesantes a costes más bajos y personalizadas, creando de alguna manera nuevos modelos de negocio.

Pero como decía, ahora que cualquiera puede estar en la llamada economía digital con un coste relativamente bajo , ¿cuales son entonces los factores de éxito?, ¿Cómo vamos a diferenciarnos? Desde luego uno de ellos, es conocer el medio y su idiosincrasia.

Nadie lo niega. Formatos de publicidad digital, sistemas de pago, logística, plataformas tecnológicas, aplicaciones móviles, CRM, redes sociales y un largo etcétera.

Pero también, igual o más importante, son los conocimientos del marketing tradicional sobre producto, publicidad, precios o distribución que llevamos años estudiando.

Evidentemente que esperamos que un periodista digital conozca términos como SEO, o como se consume la información en los nuevos medios, pero sobre todo necesitamos que sepa escribir y que haga bien su oficio.

Un director de Marketing de un e-commerce ha de conocer el SEM, PayPal o el perfil del comprador online, pero también debe de saber definir estrategias, crear una marca, establecer precios, definir una buena cartera de productos y establecer políticas comerciales y de atención al cliente eficaces y exitosas.

Todos ellos, términos de la llamada vieja economía. Y a la larga estas y no otras serán las fuerzas que harán que nuestros nuevos negocios digitales tengan éxito o no.

Ya lo decía Mr. Porter, no hablemos de nueva economía, hablemos de la vieja economía que tiene acceso a una nueva y siempre revolucionaría tecnología como fue la WWW, lo son los móviles y lo serán las tablets y lo que vendrá.

Por eso, señores y señoras de la vieja economía, animasen y vénganse con nosotros, les estamos esperando. Aquí todavía hay mercado, y créanme, que les necesitamos. Mucho.

 

Javier Batanero es Director desarrollo de Negocio de Medwinds, Director del área de Digital Programs del ESIC Barcelona y Conferenciante y consultor en temas Marketing, Internet y e-commerce.

 

Fuente: Lavanguardia

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